El conseller de Economía Sostenible, Sectores Productivos, Comercio y Trabajo, Rafael Climent, clausuró una jornada sobre revolución tecnológica y empleo el pasado jueves en Cheste.

 

El jueves la concejalía de Empleo del Ayuntamiento de Cheste organizó la jornada “Empleabilidad y competitividad empresarial” cuyo eje central fue una mesa redonda formada por representantes del mundo empresarial y académico de la Comunidad Valenciana, que trató sobre las consecuencias en el empleo de la actual revolución tecnológica o “Industria 4.0”.

 

El acto lo abrió el concejal de Empleo, José Vicente Guijarro, explicando el recorrido del Plan de Empleo de Cheste, Chestemplea@, que tras analizar las necesidades del tejido empresarial de la zona y estudiar el panorama del desempleo en la población, ha puesto en marcha, desde este mes de enero, una segunda fase de medidas para impulsar la empleabilidad en Cheste.

 

“Hemos publicado unas bases que contemplan una línea de ayuda para el fomento de la contratación y otra para el emprendimiento, que van a estar abiertas durante todo el año”, explicaba Guijarro. “Nos debemos al pueblo, que es el que tiene el gran poder de forzarnos a implementar medidas de este tipo y a cambiar las cosas”. Las bases ya están publicadas en la sede electrónica y en la web municipal.

 

El concejal también desgranó los datos más actuales del desempleo en relación a Cheste, cuyo paro, según datos de diciembre de 2018, se sitúa en torno al 7,20% de la población, con 410 desempleados y desempleadas.

 

Los integrantes del debate fueron el director de economía y análisis de la Confederación Empresarial de la Comunitat Valenciana (CEV), Ricardo Miralles; la presidenta de Asociación de Empresarios del Camp de Morvedre (ASECAM), Cristina Plumed, la presidenta la Confederación Española de Empresas de Formación (CECAP), Victoria Miguel; el filósofo Arturo Gradolí y los economistas autores del libro “El mercado de trabajo en Cheste y su comarca en 2018: Análisis de la última década”,  Fernando Castelló y Juan Manuel García.

 

Cristina Plumed comenzó el debate reflexionando sobre la situación del actual mercado laboral, haciendo hincapié en “la falta de comunicación y la desconexión total existente entre los centros de formación y las empresas”. En este sentido, la ponente puso de manifiesto el problema que supone que “haya un total desconocimiento, por parte de los y las jóvenes, de los empleos que hay en su zona”.

 

En esta línea, Juan Manuel García, subrayó que “una de las conclusiones del estudio del Plan de Empleo de Cheste fue que las competencias que las empresas demandan no se encuentran en los diferentes sistemas educativos” y “en la necesidad de encontrar soluciones para cambiar la situación en el mínimo plazo posible”.

 

Ricardo Miralles fue el primero en tratar las consecuencias de la revolución digital en el mercado laboral, destacando “la necesidad del empresariado de adelantarse a lo que le espera, teniendo claro a dónde quiere llegar, calculando la inversión y los cambios necesarios a corto y medio plazo, y formando a trabajadores y empleadores de manera continua para seguir siendo competitivos; si esta adaptación no se hace, hay poco futuro”.

 

En este sentido, Victoria Miguel subrayó “que el mercado laboral no solo necesita a perfiles con habilidades digitales, si no que en estos momentos son imprescindibles las competencias transversales, que incluyen las habilidades sociales, la capacidad de adaptación y el hambre de aprender”.

 

Sobre el futuro del empleo, Arturo Gradolí puso el foco en “el desfase que se está produciendo entre el ritmo de creación de empleo y el avance de la tecnología, teniendo como consecuencia la destrucción de puestos de trabajo, que ya no solo es producto de la crisis; la parte más importante de la transformación digital deben ser las personas”.

 

Fernando Castelló también incidió en las consecuencias del avance tecnológico en los sectores más vulnerables, apuntando que “durante la realización del estudio ChestEmple@ se detectó una cierta desmotivación entre los parados de larga duración” y que “también las administraciones tienen que actuar ahí”.

 

El consejero hizo hincapié en que "el cambio tecnológico es imparable" y en que “posiblemente a medio y largo plazo estos avances mejoren la calidad de vida de las personas, la productividad y la competitividad”, subrayando que “este cambio hacia una economía más tecnológica no se puede producir de la cualquier manera”.

 

En este sentido, Climent enfatizó en la necesidad de intentar que ese proceso sea igualitario y beneficie en general a todos los sectores y empresas. “Sobretodo, este cambio debe ser socialmente sostenible, porque no podemos asistir impasibles a un proceso, aunque sea transitorio, de destrucción de puestos de trabajo que es injusto y desigual”, apuntaba el conseller.

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